En esta nota, un gran referente de la cultura como es Julio Sapollnik, realiza una excelente descripción de la vida artística de Wozniuk desde sus inicios como bailarín hasta su actual pasión por la plástica, con precisos y acertados comentarios sobre lo que quiere transmitir con sus obras. ¡Imperdible!
El encuentro con el Arte y el movimiento ha sido siempre un deseo cotidiano en la vida de Esteban Wozniuk. Su sensibilidad se alimentó de la relación entre la danza y la pintura, por eso su obra nos confirma que la carrera de un bailarín puede desarrollarse durante toda la vida aunque por otros medios… Si bien se retiró de los escenarios siendo muy joven aun, el encuentro con las artes visuales confirma una sensibilidad perdurable, ambas son manifestaciones de emociones compatibles e intransferibles. Así, la danza le permitió conocer el cuerpo humano desde el interior hacia afuera y saber cómo ubicarlo naturalmente en las tres dimensiones de la caja escénica. Esto último le facilitó su ingreso autodidacta a la pintura y a la escultura. Su reciente libro publicado por la Editorial “Los cuatro del Sur”, exhibe en la portada la obra “Destilación Humana”, óleo de 40 x 70 cm. pintado en 2017. Los diferentes personajes que observan al espectador desde una posición inversa, bien podrían ser la metáfora de la condición humana despojada y reducida a un presente sombrío y depredador. En esa resolución angustiante, Esteban ofrece tal vez, una posible salida: sus personajes cabeza abajo, parecen supurar un elemento luminoso, una claridad que podría preanunciar nuevos intentos de libertad, caminos esperanzadores… ”Destilación Humana” es una imagen que continua en el tiempo la profundidad de los “Caprichos” de Francisco de Goya. El libro ampliamente ilustrado, muestra la diversidad de su arte. Esculturas, acrílicos, óleos, pasteles y carbonillas se suceden transitando la crítica implícita en cada obra como así también el pasaje de la luz a la oscuridad. En la carbonilla que tituló “In Fraganti”, el personaje arquea su espalda vencida ante la potencia de una luz cenital que lo destaca. Sin datos exteriores reconocibles, la figura se presenta en actitud de agobio y soledad; hasta su sombra parece abandonarlo al traspasar el cono de luz. Como en una radiografía, podríamos intuir la vida interior de este personaje débil y sometido. Esteban Wozniuk es un artista que dedica momentos de reflexión antes de crear una nueva imagen. A los 20 años incursionó en la meditación y hoy esa actitud está totalmente incorporada a su vida creativa. A la manera de un “médium”, el artista siente la necesidad de imaginar una forma para luego concretar lo que se le revela. Cuando esto surge, decide la técnica para expresarse. En las esculturas trabaja directamente moldeando la materia para llegar a la forma imaginada. Como si estuviera buscando su lugar en el escenario, todo el sentimiento volcado en la danza, es hoy una representación de las tres dimensiones de la escultura. En otras obras sobresale la energía: el estiramiento del cuerpo con la pasión de llegar más allá, exigirle y doblegarlo. “Súplica” se destaca como la necesidad de una elevación superior por sobre las fuerzas naturales. “El Dragón” es una pieza de alto valor plástico. Una obra de gran tamaño que creó con intensidad en todo el recorrido que propone a la mirada. Allí trabajó con acrílico y combinaciones de diferentes materiales que le otorgan una visión texturada. “El Dragón” es una obra enigmática que requiere una mirada atenta, de activa contemplación para definir su representación y darle sentido a lo expresado. La estructura compositiva es fantástica, sus curvas envolventes y la distribución en el espacio contagia al espectador de la energía que recorre la imagen. Cuando trabaja con óleo dibuja a través de la luz y la sombra directamente con el pincel. Esto provoca la aparición de imágenes hipnagógicas que se van develando mientras observamos. Decía Dalí: “el talento para la vida depende de nuestra capacidad de alucinación voluntaria”. Así surge una primera posible abstracción que luego deviene figuración. “La grieta” también bordea estas instancias. La fuerte impronta de la textura esfumina las formas, pero en un rápido parpadeo, la mirada activa compone los cuerpos humanos que en diagonal atraviesan todo el cuadro. Nuevamente es Goya y el “Saturno devorando a su hijo” el que se hace presente. Para las carbonillas y pasteles se expresa con trazos blancos sobre papel negro o viceversa. No siempre la imagen conduce a una representación directa. Es necesario permanecer frente a las obras para que éstas se abran a la sensibilidad del contemplador. No duda en exagerar la realidad para dotar con la mayor intensidad la situación que desea expresar. Siempre propone algún tipo de “desgarro” para alcanzar aquello con lo que soñamos. Esteban Wozniuk trasmite una particular sensibilidad a través de su obra. Una visión subjetiva del mundo contemporáneo, dándole trascendencia a un humanismo que intenta sublevarse ante los imperativos de dominio y sumisión. Julio Sapollnik Lic. en Historia de las Artes U.B.A. Master en Cultura Argentina, Becado por Fulbright Comission y por International Council of The Museum of Modern Art, MoMA, New York. Fue Director del Palais de Glace y Curador de Exposiciones Especiales en la Biblioteca Nacional. Jurado en importantes premios. Ex crítico de arte en el diario Clarín y Página 12. Colabora con la revista “Arte al Límite” de Chile, y en las publicaciones de Ediciones Institucionales. Conduce el programa “Cultura al Día”. Organiza ”MIRÁ Festival de Arte” en el CC. Borges. jsapollnik@gmail.com